Según la Fatality Analysis Reporting System (FARS) de NHTSA, 39.254 personas murieron en siniestros de tránsito en Estados Unidos en 2024 —una baja del 4,3% respecto de 2023—, equivalentes a una tasa de 1,19 muertes cada 100 millones de millas recorridas. El Insurance Institute for Highway Safety (IIHS) desglosa los factores más frecuentes en esas muertes: velocidad (29% de los casos), alcohol (31% en los estados con reporte confiable), falta de cinturón de seguridad (43% de los ocupantes fallecidos) y choques de un solo vehículo (52%). Ninguno de estos factores es un misterio: todos son patrones de conducta que un GPS OBD2 puede medir de forma continua, antes de que deriven en un siniestro.
El dato base, según FARS
39.254 personas murieron en siniestros de tránsito en Estados Unidos en 2024, según la Fatality Analysis Reporting System (FARS) de NHTSA —una baja de 4,3% respecto de las 41.025 muertes de 2023—, equivalente a una tasa de 1,19 muertes cada 100 millones de millas recorridas.
La tendencia de fondo es de mejora sostenida: según IIHS, la tasa de muertes por cada 100.000 habitantes bajó 44% desde 1975, y la tasa por cada 100 millones de millas recorridas bajó 64% en el mismo período. El nivel absoluto sigue siendo alto, pero la dirección es clara.

El desglose de factores, según IIHS
IIHS desglosa los factores presentes en los siniestros fatales: velocidad (29% de los casos), alcohol con concentración igual o mayor a 0.08 g/dl (31% en los estados con reporte confiable, con un rango de 23% a 49% según el estado), falta de cinturón de seguridad (43% de los ocupantes fallecidos), choques de un solo vehículo (52%) y choques en zona rural (41%).
Por tipo de usuario, según FARS: ocupantes de vehículos livianos representan el 58% de las muertes (22.713), motociclistas el 16% (6.228), peatones el 18% (7.080) y ciclistas el 3% (alrededor de 1.100).

Por qué estos patrones se repiten pese a estar documentados
Ninguno de estos factores es nuevo: están documentados y medidos desde hace décadas. El problema nunca fue el diagnóstico, sino la corrección continua: son conductas, no fallas del vehículo, y no se detectan hasta que ya generaron un siniestro.
Depender de la autoevaluación del conductor, o de controles de tránsito esporádicos, no alcanza para corregir un patrón sostenido de manejo. Hace falta un dato objetivo y continuo, no una foto puntual una vez al año.

Cómo Rutio convierte cada factor en una señal medible
La telemetría de un GPS OBD2 traduce cada factor que releva IIHS en un dato concreto por conductor: el exceso de velocidad sostenido y contextual —no solo la velocidad puntual— alimenta el score de conducción, que resume el hábito de manejo en un número de 0 a 100.
Los choques de un solo vehículo y las frenadas o aceleraciones bruscas, típicamente asociados a distracción o pérdida de control, se detectan como eventos individuales y también entran en ese mismo score. Las zonas de alto tránsito peatonal o ciclista se marcan con geocercas que generan una alerta automática apenas un vehículo de la flota ingresa. El resultado: intervenir con un conductor puntual cuando el patrón empieza a repetirse, en lugar de enterarse recién cuando ya generó un costo o una tragedia.

¿Estas cifras aplican a Chile?
Son datos de Estados Unidos (FARS/IIHS); para el detalle local con datos de ANSV (Argentina) y CONASET (Chile) ver la guía de exceso de velocidad y siniestralidad. Los factores de riesgo (velocidad, alcohol, falta de cinturón) son consistentes entre países, aunque las proporciones varíen.
¿Por qué la falta de cinturón pesa tanto en las cifras si es una decisión individual?
Porque el 43% de los ocupantes fallecidos en EE.UU. no llevaba puesto el cinturón al momento del choque —es el factor con mayor margen de reducción de gravedad, aunque Rutio no lo detecta directamente.
¿Rutio detecta el uso de cinturón o el nivel de alcohol?
No directamente —su fortaleza es medir conducta de manejo (velocidad, frenadas, aceleraciones, zonas de riesgo), que son los factores donde más impacto tiene el dato objetivo y continuo.